Esta es la transcripción del episodio 05 de Cauce, un podcast para aprender español avanzado con la literatura del Río de la Plata.

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En este episodio leemos No es un río, de Selva Almada

«Enero Rey, parado firme sobre el bote, las piernas entreabiertas, el cuerpo macizo, lampiño, el vientre hinchado, mira fijo la superficie del río, espera empuñando el revólver. Tilo, el muchachito, arriba del mismo bote, se dobla hacia atrás, la punta de la caña apoyada en la cadera, girando la manivela del reel, tironeando la tanza: un hilo de brillo contra el sol que se va debilitando. El Negro, cincuentón como Enero, abajo del bote, metido en el río, con el agua hasta las pelotas, también doblándose hacia atrás, la cara colorada por el sol y el esfuerzo, la caña arqueada, desenrollando y enrollando la tanza. La ruedita del reel que gira y la respiración como de asmático. El río planchado.»

Lo que acabamos de leer es la maravillosa introducción con la que Selva Almada nos abre las puertas de su libro No es un río. Esta novela corta se desarrolla en el Litoral argentino, una zona geográfica ubicada al norte de Buenos Aires y al oeste de Uruguay y Brasil. Esta región está rodeada por ríos y es húmeda, por momentos selvática, llena de pájaros, peces, barro, y miles de historias propias de un lugar auténtico y único.

Para leer esta novela es necesario entender el contexto donde se lleva a cabo, porque en esta región, además de leyendas, historias y cultura de río y calor, la lengua española se encuentra con el guaraní, uno de los idiomas originarios de América del sur. El guaraní es una de las dos lenguas oficiales de Paraguay, nación bilingüe, y también está reconocido en Bolivia y en la provincia argentina de Corrientes, que, justamente, forma parte del Litoral donde Enero Rey, Tilo y el Negro, comienzan esta apasionante historia.

Una de las palabras que resuenan en este libro es gurí, un término que tiene origen en el guaraní y significa niño o muchacho. Gurisa es la palabra para el femenino.

Los primeros párrafos nos presentan a los personajes, los detalla en un momento de pesca en el río y lo hace con una familia de palabras peculiares. Habla de la caña, el elemento que se usa para pescar, de la manivela para la tanza, partes de la caña, e incluso de un revólver que suelen usar algunos pescadores para matar a las presas de gran tamaño. También los sitúa en un bote, una embarcación pequeña, usualmente de madera. Cuando describe el río usa el adjetivo planchado, una imagen para representar a un río quieto y calmo, como si fuera un vestido sin arrugas.

Enero y el Negro llevan de pesca a Tilo, el hijo adolescente de Eusebio, un viejo amigo de ellos que murió hace ya quince años. Mientras beben y cocinan y hablan y bailan, lidian con los fantasmas del pasado y con los del presente, que se confunden en el ánimo alterado por el vino y el sopor.

Al comienzo de esta novela, los personajes más grandes cuentan la primera vez que llevaron a Tilo al río, cuando todavía estaba su padre. Aquí encontraremos la palabra ligar, que en el habla argentina, y especialmente en este contexto, hace referencia a recibir un castigo o una reprimenda. También nos va a hablar de las carpas que, además de ser el nombre de un pez, en Argentina significa tienda de campaña.

«Mientras cruzaban a la isla en el bote flamante se acordaron como siempre de la primera vez que lo trajeron a Tilo, chiquitito era, apenas caminaba el gurisito, los agarró una tormenta, les voló las carpas a la mierda, terminó el gurí chiquito así como era guarecido en el bote puesto de canto entre unos árboles. La que se le armó a tu viejo cuando volvimos. Dijo Enero. Contaron otra vez el cuento que Tilo sabe de memoria. Eusebio se había traído al gurí de contrabando, sin avisarle nada a la Diana Maciel. Estaban separados desde que Tilo era apenas nacido. Todos los fines de semana Eusebio se lo llevaba con él. No va que ella se da cuenta de que se había olvidado de meter adentro del bolso, con las mudas de ropa, un remedio que estaba tomando Tilo. La Diana se cae por la casa y no hay nadie. Un vecino le dice que se fueron a la isla. Para colmo la tormenta que azotó toda la zona. También el pueblo. La Diana con el corazón en la boca. Todos ligamos. Dijo Enero.»

La novela de Selva Almada no es una simple fotografía de una tarde de pesca en el Litoral. El título No es un río, invita a pensar que no hablamos simplemente de un recurso natural, que no es simplemente agua corriendo, es algo más. Esta idea se refleja incluso en la estética de la novela, porque está escrita como ese río que fluye, donde los diálogos, por ejemplo, aparecen sin anunciarse con los clásicos signos gramaticales.

El estilo es poético y, a la vez, muy coloquial. En el fragmento anterior podemos ver características del habla informal, como el uso de artículos delante de los nombres (la Diana) o el conector: “no va que…” que sirve para introducir un hecho sorpresivo (No va que ella se da cuenta”, dice el texto).

El libro en su desarrollo va mostrando matices marcados por la crueldad y la violencia a través de los pactos y las alianzas secretas entre varones. Una mezcla de realidad y sueño, hechos y conjeturas, isleños, agua, noche, fuego, peces, bichos. 

La masculinidad resalta en cada línea de la obra. En un momento de la trama, Enero, el Negro y Tilo, son abordados por otro grupo de varones locales luego de haber pescado una raya de grandes dimensiones. En este momento se crea un diálogo tenso, donde se pone a prueba, sutilmente, la hombría de los presentes. 

Aquí encontraremos otros términos como jetonear, un verbo que deriva de la palabra jeta, sinónimo coloquial de cara. Jetonear es hablar con altanería, exagerar o intentar impresionar con lo que se dice. También escucharemos chambón, un modo de decir holgazán, vago, y veremos cómo para referirse a una persona que está cerca, se utiliza la expresión “este Cristo”. Por último, usan la expresión “para hacer dulce” que significa que hay algo en abundancia, en exceso.

«La otra vuelta, este Cristo acá sacó una mucho más grande, jetonea Aguirre. ¿Cuánto estuviste? Toda la tarde, responde el otro, mirando de costado. ¿Y cuántos tiros le pegaste? Uno. Con uno solo alcanza. Es que acá mi compañero es medio chambón. Dice el Negro y se ríe. Vinieron los de la televisión, suelta el que la otra vez pescó una raya más grande que esta. Lo pasaron en el noticioso de la noche, dice Aguirre. Al otro sábado esto estaba lleno de gente de Santa Fe y Paraná. Se pensaron que acá hay rayas para hacer dulce. Como si fuera tan fácil. Ustedes tuvieron suerte. Maña, dice Enero. Suerte y maña. Con la suerte sola no alcanza. Aguirre saca una bolsita de tabaco del bolsillo de la camisa que lleva desprendida, abierta sobre el torso huesudo, sobre la panza hinchada de vino. Arma en un pestañeo. Lo prende. Pitando camina unos pasos hacia la orilla y se queda mirando el agua. Voltea la cabeza y dice. ¿Y ustedes hasta cuándo se quedan? Dos. Tres días, dice el Negro. Está linda la isla. Está linda, sí. Dice Aguirre.»

En esta novela magistral Selva Almada vuelve a brillar con las formas de decir y la extraordinaria sensibilidad para lograr que los personajes expresen en el hacer lo que habita en lo profundo de sus almas. 

La novela atraviesa esta confrontación masculina, y pone en evidencia la vida de las mujeres en este contexto machista. Aparecerán personajes como Lucy y Mariela, que mostrarán una cara invisible de la vida de las gurisas y de las madres en esta sociedad. 

Además, se menciona un elemento geográfico que no encuentra traducción en ninguna otra lengua, por ser típico de la región: el monte.

Un monte, en este caso, no es una elevación de tierra, sino una mezcla entre tierra y agua, un ecosistema que se crea mezclando vegetación y fauna entre el río y la orilla. Es un término que podemos encontrar en otros grandes escritores del litoral como Horacio Quiroga. Y en esta novela es un elemento tan importante como el río, y como la gente. Selva Almada, insiste con la idea de que en el litoral nada es autónomo, todo es un conjunto. 

No es un río, es una novela rica en vocabulario, expresiones y sentimientos únicos. Habla de los comportamientos de una sociedad que va a otro ritmo. Nos permite descubrir cómo el español se encuentra con otras culturas preexistentes y produce nuevas formas de comunicarse.

Para cerrar este episodio, vamos a leer un fragmento en el que dos personajes, dos gurisas, se encuentran con Enero, Tilo y el Negro. Aquí se abrirá nuevamente un sinfín de palabras, términos y locuciones regionales. El texto hace siempre referencia al río, a los peces, a esa naturaleza, es un modo que invita a sentirse en ese escenario. Leamos. 

«Vestidas como cualquier muchacha de su edad. Unos shorcitos, vaqueros cortados a tijera, sin dobladillo. Las piernas asoman doradas, los pelitos de los muslos brillan como escamas. Y ese olor a pasto recién cortado que les sale, a las dos, de todo el cuerpo. Los miran de frente y les sonríen. Enero les devuelve la sonrisa. A Enero le gusta. Le gustan las muchachas atrevidas. Estas son muy gurisitas, qué tendrán, quince, dieciséis. Pero acá en la isla las mujeres se curten antes que en el pueblo. Enero suelta una carcajada. Un viejo como yo ¡qué va a pescar! Como no sea un resfrío… Viejos son los trapos dice la mami. Dice una o la otra o las dos. Ya no se sabe. Se marea de mirarlas tan lindas son, como un espejismo de verano. Yo soy Enero. Y este es mi ahijado Tilo. Pavadas de nombre. Dice una. Los habrán sacado del almanaque. Dice la otra. Y otra vez la risita. Yo me llamo Mariela y ella Luisina. Por una abuela, es nombre de vieja, ya sé. Dice la que se llama Luisina. Pero todos me dicen Lucy.»

Selva Almada nació en Entre Ríos, Argentina. Es conocida tanto por sus cuentos como por sus novelas. Además, tiene una librería llamada Salvaje Federal que busca difundir y favorecer las literaturas de todas las provincias argentinas, más allá de Buenos Aires.

No es un río forma parte de lo que ella denomina “la trilogía de varones”, formada por tres novelas, historias de hombres, que se completa con los libros El viento que arrasa y Ladrilleros.

Con su sensibilidad logra captar y traducir en palabras la profundidad de una región cruzada por culturas milenarias. Te recomiendo leerla para expandir tu español y seguir navegando las aguas de la literatura del sur.

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Conducción: Rode Classen

Edición: Ezequiel Medina

Guion y contenidos: Ezequiel Medina, Rode Classen

Identidad visual: Bruno Matta

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