Esta es la transcripción del episodio 03 de Cauce, un podcast para aprender español avanzado con la literatura del Río de la Plata.

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En este episodio leemos Ciencias Morales, de Martín Kohan.

«Alguna vez este colegio, el Colegio Nacional, fue solamente de varones. En estos tiempos ya distantes, los tiempos del Colegio de las Ciencias Morales, las cosas debieron ser, por necesidad, más claras y más ordenadas. Es simple: faltaba ni más ni menos que la mitad de este mundo que ahora lo integra.»

Lo que acabamos de escuchar es el comienzo del libro Ciencias Morales, del escritor argentino Martín Kohan. Esta novela transcurre en Buenos Aires, en los años ochenta, en un país que se encuentra bajo una dictadura militar que terminaría poco después. En este primer párrafo, el narrador nos presenta a una institución que va a ser el escenario fundamental de esta historia: el Colegio Nacional de Buenos Aires. El narrador lo llama simplemente “Colegio Nacional” y eso nos podría hacer pensar que existe un solo colegio nacional en toda la Argentina, algo que no es verdad. Pero lo cierto es que el Colegio Nacional de Buenos Aires es, por tradición e historia, el más renombrado, entonces, para muchas personas, decir “Colegio Nacional” es suficiente.
El origen de esta institución fue otra más antigua que se llamó Colegio de las Ciencias Morales, lo que le da el título al libro.

La protagonista de esta historia es María Teresa, una joven que trabaja en el colegio como preceptora.

Preceptor o preceptora es un rol que existe en las escuelas argentinas que se ocupa de realizar funciones auxiliares y de ser un nexo entre el estudiantado y el equipo docente. Otros términos similares pueden ser bedel o celador. También tiene como función cuidar que se cumplan los reglamentos y que haya un buen comportamiento dentro de la institución. Esta última tarea, en aquellos años de dictadura, era aún más fuerte y estricta.

Maria Teresa, la protagonista, se da cuenta de esto, incluso, en la entrevista de trabajo.

«Este que va pasando, en el lento progreso del otoño hacia el invierno, es el primer año de María Teresa como preceptora en el colegio. Entró en febrero, cuando todavía hacía calor, tres semanas antes de los exámenes de marzo y seis semanas antes del comienzo del ciclo lectivo. El señor Prefecto la entrevistó en primer término, y decidió su incorporación. Luego el señor Biasutto, jefe de preceptores, en una sola entrevista de no más de quince minutos de duración, le reveló, entre otras pericias, qué clase de actitud convenía adoptar para la mejor vigilancia de los alumnos del colegio. No era fácil obtener eso que el señor Biasutto denominó «el punto justo». El punto justo para la mejor vigilancia. Una mirada alerta, perfectamente atenta hasta el menor detalle, serviría sin dudas para que ninguna incorrección, para que ninguna infracción se le escapara.»

En este fragmento aparece otro de los personajes más importantes de esta novela: el señor Biasutto, el jefe de preceptores, que es quien va a enseñarle a María Teresa a ejercer una vigilancia rígida y, al mismo tiempo, va a ejercerla sobre ella.

La novela está llena de escenas cotidianas de las escuelas de ese momento en los que el estudiantado tenía rutinas y normas casi militares (que se mantuvieron vigentes por un par de décadas más). Por ejemplo, antes de entrar al aula, al comenzar el día, o después de cada recreo había que formar, hacer una fila y tomar distancia, es decir medir que la distancia que separaba a cada alumno fuera exactamente la de un brazo extendido. Para eso, el alumno debía estirar su brazo y sostenerlo por encima del hombro del compañero o compañera que se encontraba delante. En este instante rutinario y burocrático, María Teresa va a ver amenazas a la decencia y a la buena conducta. Sigamos con la lectura.

«La otra tarde, al cabo del primer recreo, María Teresa notó, o creyó notar, que la mano derecha de Capelán reposaba excesivamente en el hombro derecho de Marré. Tomaba distancia, sí, era su obligación y la acataba, pero quizás no solamente tomaba distancia. Una cosa era valerse de ese hombro como referencia para tomar distancia, y otra muy distinta era sujetar ese hombro, tocarlo, envolverlo en la mano, hacer que Marré sintiese el contacto de la mano sin levedad ni inocencia. —¿Está cansado, Capelán? —No, señorita preceptora. —¿Le pesa el brazo, Capelán? —No, señorita preceptora. —¿Tal vez prefiera salir de formación, Capelán, y tomarse un descanso en el despacho del señor Prefecto? —No, señorita preceptora. —Entonces tome distancia como se debe.»

El libro nos muestra el lenguaje y los códigos de la educación argentina de aquel entonces. Algunas prácticas se han abandonado, pero otras no. Por ejemplo, todos los rituales relacionados con la bandera nacional se mantienen: en todas las escuelas del país, la bandera se iza, es decir se pone en alto, y se arría, es decir, se baja, se quita, al comenzar y finalizar la jornada. La bandera, las canciones patrias y otros símbolos como la escarapela (una cinta o accesorio de color celeste y blanco que se coloca en el pecho en las fechas especiales), siguen teniendo una presencia e importancia muy fuerte en Argentina y no pertenecen solo a un sector político o ideológico.

La novela transcurre entre las paredes del Colegio y las de la casa de María Teresa, o Marita, como la llama su madre. Allí, toda la autoridad que ella ejercita en su trabajo se ablanda, desaparece entre la convivencia con su madre y la ausencia de su hermano, quien está haciendo el servicio militar en la peor época en la que podía tocarle. Es el año 1982 y Argentina está por empezar una guerra con el Reino Unido con la intención de recuperar las Islas Malvinas, territorio argentino que está ocupado por esa potencia desde 1833. Aunque, cuando comienza la novela, el hermano de María Teresa está en un regimiento en el conurbano bonaerense, cerca de donde ellas viven, su madre ya lo siente lejos y sufre la ausencia del hijo.

«Sobre la mesa, debajo del florero repleto con flores falsas, hay un sobre cerrado. María Teresa lo descubre y pregunta eso que en verdad supone, y que en el fondo ya sabe: si es carta de su hermano. La madre dice que sí. Y que esta vez no quiso abrirla para que no vuelva a pasarle lo que siempre le pasa: que apenas posa la vista en la letra manuscrita del hijo ausente, antes incluso de empezar a leer lo que la carta dice, se larga a llorar. Prefiere, mejor, que Marita la lea y que después le cuente.

María Teresa rompe, con dos dedos, la punta superior del sobre. Después lo abre metiendo en la hendidura el cuchillo que no había empleado con el queso o la manteca. La madre no mira. Lo que el sobre trae no es en rigor una carta, sino una postal. Francisco tiene la costumbre de hacer estas bromas.

En verdad no está lejos, apenas en Villa Martelli. (...) A él le gusta pasar por gracioso, hacerse el feliz, mandando una postal como si estuviese bien lejos. Seguramente se la pidió o se la compró a algún compañero de alguna provincia, que las juntaría en cantidad para ir enviándolas poco a poco a su familia. Algún chico del sur, o quién sabe un formoseño. María Teresa saca la postal del sobre. Es una postal de Buenos Aires. En ella se ve una toma aérea del obelisco a pleno sol, el tránsito nutrido de la avenida más ancha del mundo, en el borde los edificios no muy altos y desparejos.»

La novela está llena de referencias históricas y geográficas. En el fragmento anterior, nos describe una postal de Buenos Aires, donde se ve el obelisco, el monumento más característico de esta ciudad, en medio de la avenida más ancha del mundo, es decir, la Avenida 9 de Julio.


De esta manera, el narrador, nos sumerge en la historia y cultura argentina mientras nos muestra el día a día de María Teresa y su relación con su madre, con el señor Biasutto, con la disciplina, y con el miedo.


Esta es una característica de la obra de Martín Kohan: sus novelas combinan escenas cotidianas narradas con un lenguaje refinado y específico, con un trasfondo histórico complejo y rico.


Leerlo puede ser un desafío, pero sin duda te lo recomiendo para expandir tu español y seguir navegando las aguas de la literatura del sur.

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Conducción: Rode Classen

Edición: Ezequiel Medina

Guion y contenidos: Ezequiel Medina, Rode Classen

Identidad visual: Bruno Matta

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